miércoles, 2 de septiembre de 2009

PARAR LA VENDIMIA


Toda la vida ha venido pasando lo mismo: los productores agrarios, no sólo los del sector vitícola, se ven obligados a entregar sus producciones a los industriales a precios bajos, muchas veces por debajo de los costes de producción. Los industriales ven esto normal y piensan que no les irá tan mal como dicen a los productores cuando, año tras año, las cosas siguen sucediendo así, siguen poniendo melones, o patatas, o continúan con las viñas. El productor agrario sigue, aún perdiendo, porque no sabe hacer otra cosa, porque infravalora su propio trabajo y porque en el campo no hay más que la huida hacia adelante esperando el año que compensa las pérdidas de los anteriores.

Las Organizaciones Profesionales Agrarias han caido, como Saulo, del caballo y, por fín, dicen que la situación es insostenible y que no permitirán que 80.000 familias de viticultores en La Mancha se arruinen trabajando. Como solución plantean parar la vendimia y
piden la colaboración de las cooperativas. De sobra saben que esa no es una solución, ni siquiera una medida de fuerza. Como mucho se puede parar la vendimia una semana, pero, al final, se cogerán todas las uvas y se llevaran a las bodegas y cooperativas, haya o no un precio mínimo fijado.

La solución, lo deberían saber a estas alturas las Organizaciones de Profesionales que viven a costa de los problemas irresueltos de los
agricultores, está en el momento de la comercialización. Fijar un precio mínimo es cosa fácil: se calculan los costes de producción, se le suma un mínimo beneficio y ya está. Los primeros que deberían fijar este precio mínimo deberían ser las Juntas Rectoras de las cooperativas, y publicarlos a bombo y platillo junto con un compromiso firme de defender el producto de sus cooperativistas para conseguir, al menos, ese precio mínimo. Pero las Juntas Rectoras de las cooperativas no quieren mojarse, dicen que la cooperativas no compran uva, por lo que no pueden fijar precios. Así les quedan las manos libres y pueden justificar las futuras malas ventas diciendo que han conseguido mejor precio, después de un año, que el que había en campaña.

Para salvar este problema es necesario que las cooperativas empiecen a funcionar como tales, es decir, una cooperativa no es la Junta Rectora que toma decisiones de forma aislada o sin contar con el socio, por lo que una decisión del calibre de la fijación de unos precios mínimos debería ser adoptada en Asamblea General y que la mayoría de los socios se comprometieran en el establecimiento de esos precios mínimos, por debajo de los cuales no se podría vender el vino. Pudiera darse el caso de que al final de la campaña estuviera todo el vino sin
vender, entonces habría que tomar decisiones financieras (créditos) o
de otra índole. Pero esto es muy difícil de conseguir pues las cooperativas nunca conseguirán implantar una unidad de acción y, como sucede entre los agricultores, siempre habrá quién se conforme con menos precio.

Las cooperativas, en La Mancha, controlan el 80% de la producción de uva y no son capaces de defender los precios. Son los industriales los que acaban imponiendo su ley, y las rectoras de las cooperativas, acuciadas por las entregas a cuentas mensuales, van soltando mes a
mes el producto al precio que marcan los que compran.

Parar la vendimia no es mas que un gesto.

Y con los gestos no se come.(Salvo los actores).


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